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¿Será verdad? ¿Será...? Ana A. Millás Mascarós
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El pasado 27 de marzo se celebró el Día Mundial del Teatro. Los autores teatrales fueron los protagonistas de un maratón en el que varios actores leyeron monólogos de 44 dramaturgos españoles. Entre estas lecturas figuraron elegidos los textos de dos componentes de la Taula Valenciana d´Autors Teatrals. - ¡Enhorabuena! - Para conseguir estar entre los elegidos en esta jornada maratoniana, que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, la A.A.T. (Asociación de Autores de Teatro), de la que diversos miembros de la Taula formamos parte, hizo llegar a sus asociados una circular invitándoles a participar en la selección de textos que a tal efecto tenían previsto realizar. Me consta que a dicha llamada, de nuestra pequeña asociación concurrieron al menos cuatro miembros de la misma. - Excelente promedio pues, en este caso, que de nuestro colectivo hayan sido elegidos las obras dramáticas de dos de ellos para celebrar ese evento. Más, pese a este reconocimiento que, por enésima vez, viene a proclamar que los autores valencianos tenemos mucho que aportar al resto del panorama nacional, lo cierto es que seguimos siendo unos marginados en esta Valencia nuestra, cuna de muchos de nosotros y madre adoptiva por parte de otros tantos. ¿A qué santo nos habremos de encomendar para que cambie de una vez y para siempre nuestra precaria situación? ¿Cuándo se nos brindará la oportunidad de acceder a los escenarios de la vida y de la Cultura Valenciana? Claro ejemplo de la mala situación por la que discurre la autoría española en general, desde hace tanto tiempo que la memoria se niega a recordar, es el gesto que protagonizó Ernesto Caballero, autor nominado este año a los premios Max y que ha decidido no concurrir a dicho galardón. Entre otras muchas, hace unos días realizó la siguiente declaración: "Estamos despreciados, los empresarios están en contra del autor español y los directores de teatros institucionales nos dificultan el acceso". ¿Cómo es posible digerir, ni aun menos asimilar, que unos premios que están organizados por la SGAE, una sociedad que se supone debiera defender nuestros intereses, que a la vez son los de ellos, permita que se nos menosprecie y maltrate de forma continuada? Es cierto que en los teatros públicos, durante estas últimas temporadas, se han programado un número - hay que precisar que más bien reducido - de textos de autores españoles, pero esto no es suficiente para este sector que cuenta con un nutrido número de profesionales. Podemos ceñirnos pues al siguiente y simple planteamiento: Si tenemos en cuenta las cifras que maneja la SGAE, que según se conoce, tiene registrados en su censo a 6.111 autores de gran derecho, o lo que es lo mismo dedicados a las artes escénicas, y las comparamos - también con cifras aportadas por esta sociedad - con los 2.487 autores que en el pasado año recaudaron dinero por su trabajo - Pregunta: ¿Cuántos quedaron ajenos a cualquier percepción monetaria? En fin no creo que haga falta reflejar en estas líneas la desproporcionada realidad de aquellos que no ahora, sino en anteriores y sucesivos años, no habrán percibido, ni percibirán, "pesetas o euros". Suerte que, en nuestra ciudad no hace mucho reunidos Conselleria, Teatres, Avetid y la Asociación de Profesionales de Danza (Sigo sin ver por ninguna parte una representación tangible del colectivo de autores), se alcanzó, entre otros puntos y dentro de un clima de consenso, un apartado de "apoyo a los dramaturgos valencianos", que según el informe leído prevé "primar los trabajos de autores valencianos que hayan conseguido premios o ayudas" - Ojalá, "ellos" reciban ese apoyo institucional que se pregona - y, con ese objetivo, se logre impulsar a "los creadores, sean autores, actores, directores o compañias" valencianos. Ante este "alentador" aluvión de buenas intenciones sólo me resta hacer una última cábala: ¿Dejaremos alguna vez de ser un colectivo marginal, o por lo contrario continuaremos al margen de las manifestaciones escénicas? ¿SERÁ VERDAD? ¿SERÁ...? To be continued... Valencia, abril de 2002 Publicado
en el Bolletí nº 25
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