No comemos... del teatro

Ana A. Millás Mascarós

 

 


 

   
Ana A. Millás


 

 

 

Aprovecho el presente titular que sale al paso de un artículo que hace pocos días leí en un periódico. En él los actores se lamentaban de que aquí en Valencia no había trabajo para ellos y, como consecuencia, no podían vivir - o lo que es lo mismo, comer de su trabajo.

Queda claro que aquí, en nuestra hermosa ciudad, sede de desmanes y mil despilfarros en materia "Cultural", no hay dinero - y sobre todo si hablamos de teatro -. Únicamente existen posibles para emplearlos en lo que interesa a aquellos que les gusta de celebrar apoteósicos relumbrones donde - con la excusa de proyectar internacionalmente nuestra capital en el ámbito cultural - aprovechan la ocasión para auto-promocionarse, acudiendo a cuantos eventos y ágapes se celebren, para de esa forma salir en el mayor número de fotos que sea posible, porque eso proporciona "caché" y permite salir en los medios de comunicación...

- Qué curioso, las cuestiones que planteo a continuación me parece haberlas formulado en alguna otra ocasión...

- ¿A quién beneficia toda esta parafernalia?

- ¿Para qué se malgastan jugosos presupuestos con los que se podrían acometer diversos proyectos íntegramente autóctonos?

Desde luego, no han servido - ni servirán - para darnos de comer ni a los actores, ni a los autores, ni a ningún otro profesional que en esta bendita tierra se dedique a difundir la CULTURA con mayúsculas.

Si la mayoría de los autores dramáticos - sobre todo los "inequívocamente valencianos" - debiéramos subsistir con lo que hemos de ganar estrenando y representando nuestras obras, además de dejar de escribir (muchos no ganan ni para folios), hace tiempo que hubiéramos muerto por inanición.

Pasan los meses, los años, los lustros... y nuestra cuenta corriente jamás llegará a generar cifras con las que podamos ni alcanzar el salario mínimo inter-profesional.

Los actores se quejaban de que en nuestra ciudad no hay trabajo suficiente para vivir de esto. Lo cual indica que sólo algunos afortunados consiguen al menos trabajar - sino vivir - de esta profesión.

Mas el eterno olvidado, el autor, no tiene ni siquiera eso. Además, al no ser la cara visible de nuestras obras, los autores estamos muy limitados. Si no se nos representa y tampoco se nos edita, no existimos, nadie nos conoce y, por lo tanto, no se cuenta en ningún ámbito con nosotros.

Nuestros textos, a duras penas consiguen ver la luz. - si obviamos la que reciben de la pantalla del ordenador cuando son creados. Están condenados a padecer la claustrofobia más absoluta. La inmensa mayoría acaban, después de intentar en multitud de ocasiones que resulten premiados en los exiguos certámenes de este género que existen en nuestro país, arrinconados en archivadores, carpetas, dossiers o cajones. - Además, también quiero precisar que incomprensiblemente, en la mayoría de ocasiones los ejemplares enviados a estos concursos no son devueltos después del correspondiente fallo, aunque sean reclamados, por su creador, el vilipendiado autor. - En muchos de ellos ni siquiera tienen el detalle de remitir una carta haciéndote partícipe del resultado u otorgamiento del galardón.

No comemos, ni vivimos del... "Teatro", sólo alimentamos y desarrollamos nuestro espíritu, manteniendo día a día vivo ese afán que nos impulsa a seguir creando.

Valencia, diciembre de 2001

Publicado en el Bolletí nº 23
(Taula Valenciana d'Autors Teatrals)