Moviola

Ana A. Millás Mascarós

 

 


 

   
Ana A. Millás


 

 

La vida está sembrada de incongruencias, malentendidos y un sinfín de situaciones absurdas.

Hoy en día la tecnología nos permite disponer de medios para aclarar situaciones de dudosa credibilidad acaecidos en actos públicos o eventos diversos. Por todos es sabido que en el mundo del deporte la socorrida "moviola" es la encargada de despejar las dudas.

Yo sólo cuento con la moviola de mis recuerdos, y los datos obtenidos a partir de conversaciones posteriores que mantuve con las partes implicadas en el supuesto que les voy a relatar. Y es por ello que me gustaría repasar, expresándome con palabras sobre el hasta ahora virgen folio en blanco, la extraña experiencia vivida una noche de febrero en el escenario de la vida y del Teatro Principal: la entrega del "Premi Teatre".

Permítanme guiarles a través de esta historia como si fuésemos capaces de ver la escena desde los distintos puntos de vista de los personajes implicados. Tal vez suene un poco teatral… Es lo que pretendo, pues aunque todo lo que aquí se va a relatar pertenece a la realidad, ¿qué es al fin y al cabo el TEATRO, sino la vida llevada a un escenario?

Pero primero… Acabemos de situarnos. Nos hallamos, como ya he dicho, en el teatro Principal, en la noche del 6 de febrero de este mismo año. Pasan de las diez. Todo está preparado para la celebración de la Gala Fallera de la cultura. En ella, además de un espectáculo creado exclusivamente para la ocasión, se hace entrega de los galardones de Teatro de J. C. F., premios literarios y, desde hace tres años, también se otorga el "Premi Teatre" instituido por la Taula Valenciana d'Autors Teatrals con el fin de promocionar las obras de autores que aman a Valencia dentro del propio mundo fallero. El mencionado galardón, consistente en un artístico estandarte, es concedido a:
"La Falla que, a juicio del jurado nombrado a tal efecto, mejor represente la obra, corta o larga, de autor perteneciente a la Taula Valenciana d'Autors Teatrals".

" Y ahora, les ruego sean tan amables de acompañarme en esta singular recreación de los hechos, según yo los recuerdo.

Esa noche, apenas empezado el espectáculo y ante un teatro abarrotado desde el patio de butacas hasta la gloria, se hizo entrega en primer lugar de los premios literarios de J.C.F. Tras un breve "sketch", y después de unas palabras de presentación, salimos al escenario para hacer entrega del estandarte correspondiente a la comisión que resultase merecedora del premio, dos personas, presidenta y vicepresidenta, representando a la Taula.

La presentadora, mientras el estandarte era sacado a escena desde un lateral, rasgó el sobre que contenía el libramiento del premio, extrajo el acta y leyó el texto y el nombre de la comisión ganadora en voz alta. Aplausos de la concurrencia y gritos de la Falla galardonada. - Hasta aquí todo se desarrolló tal y como estaba previsto. Después llegó lo inesperado…

La Falla premiada no accedió al escenario. Entre quienes debíamos hacer entrega del premio empezó a crecer el desconcierto. - "¿Qué sucede?" nos interrogamos en silencio… "Quizás no lo hayan oído bien", bromeamos en el breve "lapsus" que lógicamente se produjo. - "¿No sube la Falla a recogerlo?" Me aventuré, sin apenas moverme de mi sitio, a preguntarle a la presentadora, que se hallaba igualmente sorprendida y que por toda respuesta se encogió de hombros. - Al momento apareció accediendo al escenario, por el lateral de nuestra derecha, el autor de la obra representada por la Falla ganadora. - "¿No sube la Falla volví a insistir?"… - No, incomprensiblemente, no subió. Así que la única solución, que en ese momento vimos viable, fue la de hacerle entrega del estandarte al autor que era el único que estaba presente además de nosotras sobre el enorme espacio escénico. - Seguro que ha quedado constancia de ello mediante documento fotográfico - Acto seguido, la presentadora comenzó a recoger papeles dispuesta a dar por concluido el acto y yo le advertí, en un susurro y avanzando apenas un paso de, que aún no había concluido - "Tienes que seguir leyendo lo que a renglón seguido figura en el acta" - Entonces, ella volvió la vista sobre el acta y se percató de que allí sobre el papel quedaba algo más que decir - Este año, y por primera vez, el jurado había considerado que las otras dos fallas nominadas también debían ser distinguidas con sendas Placas de Mérito por el esfuerzo realizado - El nombre de las dos Fallas se proclamó ante el respetable y… de nuevo, nadie accedió al escenario para recogerlas. Ante el precedente acaecido momentos antes, y dado que las obras que habían sido agraciadas eran una de cada una de las personas que allí continuábamos sobre el escenario - al parecer bajo un genuino e inesperado "boicot" de convocatoria - optamos por "quedarnos" simbólicamente con las placas y, tras un fugaz saludo, desaparecer entre bambalinas perseguidas por la acuciante sensación de haber hecho "el paripé" más absoluto…

-¿Qué suerte de imponderables se habían confabulado para que la entrega del premio resultase tan poco ortodoxa?

No puedo ponerme en el lugar de las comisiones galardonadas, pero sí elucubrar qué pudo suceder. Sobre todo porque durante el intermedio tuvimos la ocasión de, charlar con una de ellas y hacerle entrega de la placa que en justicia les correspondía. Resultó que sus representantes, Fallera Mayor y Presidente tenían localidades en la primera fila, la misma que la nuestra, y de la que nos separaban apenas tres butacas. También se contactó con la otra comisión merecedora de la Placa y se le hizo entrega de la misma.

En cuanto al estandarte acudimos, también en el entreacto tras las bambalinas, para recalcarle a la persona que había recogido el estandarte, el autor, que el premio era para la comisión de Falla y a sus manos había que hacerlo llegar.

Esta fue la crónica, según recuerdo, de una entrega de Premios inusual y nada convencional.

" Volvamos pues al principio e imaginemos cómo pudieron vivir el momento los componentes de las comisiones falleras premiadas.

Gala Fallera en el Teatro Principal. Se inicia el espectáculo. Las comisiones nominadas al "Premi Teatre" se hallan entre el numeroso público que abarrota el patio de butacas.
Tras un breve parlamento de presentación, avanzan hasta el centro del escenario para hacer entrega del premio dos personas representando a la Taula. Expectación, nervios… ¡Ha llegado el momento ansiado!

La presentadora, mientras el estandarte es sacado a escena desde un lateral, rasga el sobre, extrae el acta y lee el texto y el nombre de la comisión ganadora en voz alta… Aplausos. - Imagino que la gente se giraría en busca de la Comisión…
Inesperadamente, la Falla premiada no accede al escenario. Pudieron pensar: "¿Tenemos qué subir?" "Nadie nos ha dicho qué hacer". Breve lapsus. Tras el cual sobre el escenario sigue sucediéndose la acción. Por el lateral, más cercano a la presentadora, aparece el autor de la obra representada por la Falla ganadora, a quien se le hace entrega del estandarte. "¡Bueno!" Pensarían las otras dos comisiones. "Otro año será". Aplausos. La presentadora, comienza a recoger papeles, pero no se va, sino que vuelve sobre sus pasos, regresa al atril y continúa leyendo el acta. Grata sorpresa para las otras dos fallas nominadas. El jurado de la Taula ha considerado que también ellas debían ser distinguidas con sendas Placas de Mérito por el esfuerzo realizado. La presentadora proclama de nuevo ante el respetable el nombre de ambas comisiones, y… llega el momento de levantarse y acceder al escenario, pero nadie se mueve... Sobre el escenario las personas que sostienen las placas, tras un breve instante, saludan y desaparecen entre bambalinas. Quizás pensarían "Mira que bien, ahora se van con las placas, una para cada una", "¿y nosotros qué?"

" Si me lo permiten, haré una última recreación:

¿Cómo puede que lo viese e interpretase cualquier otro espectador?

A la vista de los anteriores relatos es comprensible suponer que, para cualquier otro asistente a la Gala, el acto de la entrega del Premi Teatre resultase desconcertante y poco, por no decir nada, protocolario.

Sobre el escenario la presidenta y vicepresidenta de la Taula se disponen a hacer entrega del estandarte con el que está dotado el Premi Teatre:

- ¡Vaya, qué ocurre, la comisión ganadora no recoge el Premio! - lógico es pues que hubiese caras de estupor entre el respetable.
- (Por el lateral acaba de salir el autor, que decidido avanza al centro del escenario y recibe el premio) "Pero el premio, ¿no era para la Falla?" - estoy segura que esa pregunta se la haría más de uno. Yo al menos si me hice esa misma reflexión mentalmente.
- (La presentadora duda unos instantes, apenas perceptibles, y después prosigue la lectura del acta) "¡Qué sorpresa, las otras nominadas también recibirán galardón!"... "Pero, ¿tampoco sube nadie?"… "Qué raro".
- "¿Qué sucede ahora? Vaya, quienes tenían que entregar las Placas se quedan con ellas… ¡Qué paripé! como nadie sube a recogerlas, una para ti y otra para mí y todo queda en casa…" - Este comentario, por otra parte muy probable, circularía por la sala….

En fin, no quiero cansarles más. En líneas generales la Gala, al menos para la que suscribe, resultó original, desenfadada, distraída… y, como ocurre en muchas ocasiones, los problemas del directo pasan más o menos de puntillas por la escena y dan lugar a situaciones de las que resulta difícil salir indemne y airoso.

Estoy segura de que a lo largo de la sesión se dieron cita otras situaciones que bien por falta de coordinación, de información, de organización, de diálogo… resultaron no menos ortodoxas y que para algunos espectadores, los más críticos, tampoco pasaron desapercibidas.

Lo cierto es que un acto tan sencillo como debería de haber sido la entrega de este galardón, así mismo como de las placas concedidas, por arte de birlibirloque se quedó privado de la presencia en el escenario de aquellos que deberían haber sido sus auténticos protagonistas: Los presidentes y las falleras mayores de cada una de las comisiones galardonadas.

Además de resultar absurdo, es un raro misterio el sucedido aquella noche y que a día de hoy todavía no he logrado descifrar.

Llegados a este punto…

¿Para quién estaba concebido el "PREMI TEATRE"?

Por favor, sean tan amables de responder en voz alta ustedes mismos.


Valencia, febrero 2004