La (navaja) en el ojo...

Ana A. Millás Mascarós

 

 


 

   
Ana A. Millás


 

Bajo el título de "La navaja en el ojo" fue bautizado el macro-espectáculo, realizado por el archiconocido y renombrado grupo La Fura dels Baus, que se encargó de la inauguración de la tan esperada y muy bien ponderada Bienal de las Artes - al menos por la subsecretaria de Promoción Cultural, que no pierde ocasión de promocionar tan importante evento.

Como decía, el acto de inauguración fue amenizado por una eclosión de un amplio y deslumbrante despliegue de medios - imagino que de idéntica magnitud habrán sido los desproporcionados emolumentos percibidos, merced al altísimo caché de los artistas encargados de la "representación".

En fin, a lo que iba, bajo el incomparable - y gratuito - marco de la noche valenciana y teniendo como telón de fondo el gigantesco "ojo-escenario" de l'Hemisferic, que desde su privilegiado emplazamiento todo lo ve, llegó el ansiado momento esperado por todos los VIPS allí congregados y que, a duras penas, consiguieron llegar para posicionarse en las insuficientes tribunas dispuestas para el uso y disfrute de sus privilegiadas y también "very important" retinas. - Peor lo tuvimos los ciudadanos de a pie, entre ellos la que suscribe "llegué, no vi y me fui", como tantos otros que poco o nada alcanzábamos a vislumbrar desde nuestras muy alejadas "localidades". Pero que nadie se extrañe, el hecho de que muy pocos - excepto los invitados oficiales - pueda seguir de cerca la programación del espectáculo de esa y quizás otras noches o días, carece de toda importancia; al menos eso es lo que ha dicho el italiano director de todos los artistas presentes en esta Bienal: "Que acuda o no público no es lo más importante" - qué raro ¿No?

¿Entonces para qué sirve todo esto de la Bienal?

¿Qué se pretende conseguir con ella?

- Hago pues una breve pausa para dedicarle al tema un momento de reflexión, tras la que se abra paso en mi mente un atisbo de... ¿comprensión?

¡Ya está claro! - o al menos "ella", la máxima protagonista de la Bienal y de la delirante noche de apertura de la misma sí lo tiene claro, porque así mismo lo ha dicho:

"Para que Valencia durante cinco meses sea y se convierta en una referencia mundial en lo que a nuevas propuestas se refiere". Por ese motivo, alegre e impunemente, se piensan despilfarrar cientos de millones - según se conoce, hasta los novecientos o quizás mil... o más, ¿por qué no? - cuando la triste y cruda realidad es que el panorama de las Artes en Valencia es un auténtico caos. El dinero que desde el departamento de Promoción Cultural se concede a través de las subvenciones es ridículo - y el de Consellería ni les cuento.- El papeleo y la burocracia son interminables y aburridos, y todo para que las cantidades concedidas - eso cuando no se da el silencio por respuesta - resulten insuficientes para realizar el proyecto presentado - a veces ni siquiera se logra sufragar ni el diez por ciento del mismo.

Es realmente patético. Resulta de auténtica pena y vergüenza que se pongan límites a los proyectos autóctonos y, sin embargo, no se actúe de manera más comedida a la hora de impulsar, sin reparar en gastos, - cuantos más ceros mejor... ¡Por supuesto a la derecha y sin que medie coma alguna! - como sin duda habrá sido el caso del espectáculo foráneo que sirvió de tarjeta de presentación a la Bienal - ¿Valenciana?

¿Para qué tanta prepotencia y fanfarria? - y no me estoy refiriendo a los 2001 músicos que componían la orquesta, a los que nada se puede reprochar de su profesionalidad. Ni que decir tiene que la culpa de que la acústica no fuese la más adecuada no debe recaer sobre ellos.

A simple vista, sin necesidad de usar colirios y aunque se padezca algo de miopía, lo que si resulta claro y nítido es que la Bienal es el relumbrón cumbre por el que ciertas personas - sin un ápice de discreción y mesura - esperan ser recordadas en un futuro dentro del mundo de las Artes. - aunque sólo sea por su desmedido afán de protagonismo.- Qué más da si después de este "despilfarro" no restan presupuestos para aquello que realmente importa.

De todas formas, de no haberse llevado a cabo este evento tampoco habríamos visto ni un euro de tamaño presupuesto con el que se ha dotado al mismo. Seguro que del sombrero se hubiesen sacado cualquier otro titánico proyecto en el que volcar esos miles de millones que, a fin de cuentas, hemos de pagar siempre los mismos - esos que después no podemos disfrutar de lo que por derecho es nuestro, pues formamos parte de los "san pagarines" y nos tenemos que volver de regreso a casa porque desde nuestras pobres localidades, de pueblo simple y llano, no nos es iosible ni ver el espectáculo, ni percibir el "tufillo" de los personajes "más" VIP.

Qué lástima que quien tanto se ha empeñado en promover y realizar este "fabuloso" encuentro mundial de las Artes no hubiera podido disponer, durante aquella particular noche, de la gran pupila del descomunal iris, sobre el que se proyectaba parte del espectáculo "bienalero". Tal vez de esta forma, al ser el órgano de tan sobrehumanas e inusuales proporciones, le hubiese resultado imposible no descubrir con total discernimiento la proximidad de "la navaja en el ojo"... propio - aunque en este caso en particular lo que hay en el ojo propio se asemeja mucho más a la "viga" del clásico pensamiento bíblico del Nuevo Testamento, eso sí de descomunales proporciones.

Mas como la estulticia no conoce límites y aún quedando varios meses para dar por concluida la presente Bienal y sin esperar siquiera a poder hacer un balance - positivo o no, que eso aún está por ver - la principal impulsora, la "inefable" subsecretaria de Promoción Cultural no cesa de maquinar - sin duda sumida por la misma vorágine "artística" que nos presenta y a la que nos quiere arrastrar a todos - y, según ha llegado a mis oídos, - debería decir ojos porque han sido ellos los que, con incredulidad, han podido constatarlo en algún rotativo - ya se ha decidido a iniciar contactos con inversores privados para - ¡Pasmo general! o al menos particular - poner en marcha la secuela de este actual despropósito, la "II edición de la Bienal de Valencia."

Lo dicho anteriormente, lejos de solucionar "las vigas propias" esta señora se dispone a continuar dilapidando otro presupuesto igual - o quizás porque siempre hay que tener afán de superación... - más sustancioso que el de la presente muestra.

Llegados a este punto se me presentan un sinfín de sangrantes dudas respecto a los temas que nos afectan a los que, como yo, intentan realizar su labor de creación en esta ciudad tomada al asalto por una Bienal de la que casi todo se desconoce, -¿quizás piensen recurrir al denostado "pensat i fet" valenciano? ¿sino a que viene tanto hermetismo? - Convendrán conmigo que en muchos aspectos, la actual edición ha sido y es el secreto mejor guardado.

Entonces para la II entrega de este periplo "bienalista" ¿Qué nos aguarda?

- ¿Habrá para entonces una mayor presencia de artistas valencianos?

- ¿Dispondremos de más y mejores ayudas a la producción los autores vernáculos?

- ¿Nos quedarán algunas migajas de todo ese ingente capital que pueda permitir poner en marcha y, desde luego superar, al menos el "sublime" acto inaugural de ésta?

- ¿Será posible que en esa próxima y utópica edición la inauguración corra a cargo de alguno/os de los muchos y buenos profesionales con los que contamos en todos los ámbitos de las artes en esta "nuestra tierra"?

CONTINUARÁ... ¿O NO?

Valencia, junio de 2001

Publicado en el Bolletí nº 21
(Taula Valenciana d'Autors Teatrals)