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El amor, el teatro y la muerte Ana A. Millàs Mascarós
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¡Que nadie se asuste! Bajo este titulo no pretendo hacer ninguna reflexión filosófica. Mi intención es mucho más simple, relatar como fue mi primera experiencia ante la primera obra de teatro que vi. Estaba basada en el amor y la muerte. Era muy joven cuando descubrí, gracias al medio televisivo, el fascinante mundo del teatro. Una noche, dentro de un espacio que se llamaba "estudio 1", asistí a la representación de una función dramática. En ella los protagonistas están heridos de amor, pero se sienten infelices por la desesperación que supone para ellos no poder vivir lo en su plenitud a causa de la oposición de sus familias. Buscan la solución, si de este modo se puede denominar a la muerte, a la imposibilidad de amarse libremente en la figura helada, exangüe e inerte de la parca que para ellos representa la única posibilidad de liberación. Con esta pieza dramática, donde el sentimiento más puro, el amor, y la ominosa presencia de la muerte presente y patente hasta el fin de la obra, fue donde mi espíritu, entonces maleable y abierto a nuevas experiencias, se quedó enganchado al arte de la escena. Tal vez aquel canto de pasión, impregnado de romanticismo y de desesperación me diera consciencia de un mundo que hasta entonces me había pasado desapercibido. De todas formas fue el relámpago que de alguna manera iluminó mi faceta creativa, aunque todavía tardaría años en poder plasmar en el papel las escenas que ya se fraguaban en mi imaginación. Aquella pieza teatral, me impulsó a querer aprender más y más. Cada semana, en esa noche mágica, me quedaba sin pestañear pegada delante de aquel limitado escenario en el que se había convertido, para mi, la pantalla del televisor. Cuando más tarde me puse a trabajar en una librería, todo un universo se abrió ante mis ojos. El magnífico repertorio, con los novecientos y pico títulos de obras dramáticas, que encontré dentro de la editorial Escelicer, llenaron mis ansias de conocer diferentes formas de escribir teatro. Leí, gran número de ellos y sentí como el arte de Talia, cada vez con más fuerza y fluidez, comenzaba a hervir en mi cabeza. Después pase una etapa de transito. Dentro de un grupo de teatro de fallas, empecé una nueva faceta, la de actriz. Allí fue donde conocí a la persona clave, un hombre al que aprecio mucho como amigo, él seria determinante para que comenzase mi andadura literaria. Aparte de consejos, me dio el empujón definitivo que me hizo aventurarme en el difícil oficio de escribir. Fueron muchas obras, en valenciano, las que disfrute junto a él. Y así entre ellas y él, aprendí a disfrutar del escenario y del teatro en nuestra dulce y bonita lengua valenciana. Sin abandonar la faceta de actriz y haciendo incursiones en la dirección escénica, escribí mi primera pieza dramática. En ella no está presente la muerte, he querido hacer todo lo contrario, y huyendo de ella reflejé las situaciones más inusuales de la vida cotidiana, añadiéndoles una buena dosis de irrealidad y de esperpento. Mi intención, por el momento, es hacer llegar a los espectadores un mensaje de optimismo y de buen humor, que les ayudé a olvidar las penas y los sinsabores que la vida nos depara en muchas ocasiones. Mi objetivo es que goce del espectáculo, y se enganche al fantástico y maravilloso mundo del teatro. Valencia, abril de 1998
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