¡Cumpleaños feliz!

Ana A. Millás Mascarós


 


 

   
Ana A. Millás


 

-Triste cumpleaños el del Teatro de la Princesa.

Su andadura se inició un veinte de diciembre de hace ciento cincuenta años, en 1853 para ser más exactos, con motivo de coincidir su inauguración con el cumpleaños de la princesa de Asturias, Mª Isabel de Borbón, se le llamó de La Princesa, nombre que la Revolución de 1868 cambiaría por el de Libertad.
Su primera función fue un clamoroso éxito. Aunque, tal vez el "mal fario", en forma de constantes crisis, debutó también aquel mismo día y fue su eterno acosador hasta el momento de su última bajada de telón y su paso al posterior y actual "status" como teatro abandonado.

- Otro cumpleaños, más feliz para unos que para otros, es el que festeja Teatres:

Para celebrarlo y no "defraudarnos", un año más, Teatres de la Generalitat continúa con su tónica - ya generalizada - de programar sólo para la exhibición teatral y, por supuesto, sin contar ni atender los objetivos para los que fue creado - quizás convenga recordárselos - Éstos son: potenciar la producción propia y la coproducción y consolidar el sector teatral valenciano.
Claro que algo se ha avanzado. El consejo rector ha aprobado el cambio de nombre de Centro Coreográfico de la Comunidad Valenciana por el de Centro Coreográfico de Teatres de la Generalitat - todo un logro, ¡felicidades!.
Otro éxito: de los veintidós espectáculos previstos hasta finales de junio, únicamente hay uno de producción propia - ¡Qué titánico esfuerzo!

Sin querer señalar a nadie entre otras razones porque no hace falta. Creo que a estas alturas es de dominio público la desidia y el desdén con el que siempre es tratado y castigado todo lo autóctono por parte de quienes debían apoyar y defender nuestro patrimonio tanto Histórico como Cultural.

Por ése y otros tantos motivos, y a pesar de que también es de todos conocido que no sobran Salas a las que poder acceder - sobre todo para los grupos amateurs - cabe pues dejar que las existentes por necedad o falta de previsión se vayan marchitando merced a la especulación, al desinterés… como le ocurrió a La Princesa, quien a pesar de sus vicisitudes en numerosas ocasiones presento batalla consiguiendo, de tanto en tanto, disponer de un soplo de aire fresco que le permitiese respirar de nuevo. Por desgracia, sólo le sirvió para caer de nuevo ahogada y aplastada bajo la maza traidora y cruel de la azarosa parca que, quizás esgrimió la envidia. En diversas ocasiones el teatro Principal intentó, para que de ese modo déjase de incomodarle con la competencia que La Princesa con su amplia programación representaba, hacerse con el control. El caso es que, de un modo u otro La Princesa, tras su ansiado resurgir y la favorable respuesta de su incondicional y popular público, abatida por una nueva "crisis" volvía irremediablemente a sumirse de nuevo en el ostracismo que al fin y, paso a paso y sin contemplaciones, la conduciría al lamentable estado de abandono y dejadez que ostenta en el presente.

Quizás aún estemos a tiempo de conseguir recuperar el edificio, - mucho me temo y me gustaría equivocarme - seguro que no será nunca más para el fin primigenio por el que fue concebido, como escenario: ventana mágica y multidisciplinar, de diversos y variados espectáculos teatrales, sino con cualquier otro destino. ¡Ojalá así sea! Al menos perdurará el valioso y emblemático edificio que, a duras penas resiste los embates del implacable paso del tiempo y que un día, hace ya más de siglo y medio, tuvo un esplendoroso despertar.

- ¿Cuántos cumpleaños deberá aún "celebrar" el teatro autóctono sin contar ni con éste ni con cualquier otro coliseo?


Valencia, enero 2004