Cóctel

Ana A. Millás Mascarós

 

 


   
Ana A. Millás


 

El día a día nos demuestra que en la vida no existen los imposibles. En todo caso se podría hablar de proyectos (fácilmente) realizables o (prácticamente) irrealizables.

Si nos basamos en estos últimos, descubriremos que muchos de ellos, a pesar de la negatividad que le confiere la taxativa expresión, en su inmensa mayoría, y después de usar y abusar de una de las máximas populares "querer es poder", pasa de irrealizable a probable.

Pues bien una vez hecha esta pequeña transformación y, ya que hemos conseguido positivar un valor considerado, hasta hace escasamente unos renglones más arriba, como un algo relegado y por ello condenado a permanecer en el lado oscuro de la inexistencia más absoluta, pasemos a considerar el porqué de esta mágica mutación.

Si descartamos el factor, muy importante, que para los humanos significa el inmenso poder del dinero, gracias al que las diferencias en todos los estadios de la vida resultan tan y tan desproporcionadas, y nos quedamos sólo con los recursos humanos, - ingrediente mucho más denostado, pero infinitamente más asequible - llegaremos a la conclusión de que para algunos de esos proyectos, - sobre todos aquellos en los que en la mayor de las medidas se pueda (casi) prescindir del vil metal - habremos conseguido nuestro primer triunfo - Traducido a un lenguaje más explicativo, sin duda estaremos en el buen camino para conseguir nuestro valioso objetivo en el que, por encima de todo, no escatimaremos como no lo hicimos al principio un ingrediente fundamental "la ilusión", para que nuestro propósito alcance su mayoría de edad, o lo que es lo mismo su puesta en marcha y posterior consecución.


He de precisar que la cábala a la que estoy refiriéndome en este escrito no es otra que la representación de una obra teatral - ¿A qué otra cosa podría atañer cuando nuestros mayores problemas surgen a la hora de conseguir ver representado uno de nuestros textos? - ¿Qué no haríamos nosotros, los autores, por nuestros amados hijos literarios?

Por mi parte, y sin ánimo de parecer prepotente, pido disculpas por ello, me he permitido elaborar una sencilla receta, - un cóctel - que lógicamente he llevado a la práctica antes de atreverme a ofrecerlo a quien pueda interesar. - en el caso de que interese.


INGREDIENTES PRINCIPALES
- Ilusión.
- Recursos (Sino se dispone de los monetarios, imprescindible contar con los humanos)

PREPARACIÓN
- Desterrar por completo el desanimo y el desaliento. - palabras tabú.
- Añadir una generosa - puesto que resulta muy asequible - dosis de la extraordinaria y por otra parte inagotable magia del teatro. - esa de la que las gentes del mundo de la farándula poseen en cantidades ingentes, y que las musas Talia y Melpómene se encargan de distribuir sin atender jamás a las fluctuaciones en la bolsa.
- Agitar con energía y sin ningún temor - por algo los ingredientes son de primerísima calidad, sin conservantes ni colorantes que puedan alterar la mixtura final.
- Por último servir sobre un escenario - preferentemente con todos los medios y soportes técnicos de última generación.

(NOTA)
La anterior acotación no es imprescindible. Ayuda claro que si pero, se consiguen muy buenos resultados aún con carencias a primera vista significativas.

Mi más sincera admiración para todos aquellos que en alguna ocasión se hayan tenido que enfrentar y por tanto resolver un proyecto que en una primera apreciación resultaba "Imposible, inviable, irrealizable", si para llevarlo a cabo no se incluía principalmente el ingrediente contante y sonante, y con el que por supuesto todo hubiese resultado ser "miel sobre hojuelas".

GRACIAS

Valencia, diciembre 2004

Publicado en el Bolletí nº 26
(Taula Valenciana d'Autors Teatrals)